Hay bodas que arrancan con nervios y bodas que arrancan con risas. La de Paula y Antón en la finca Monteviejo fue de las segundas. Boda de mañana, iglesia llena en San Pedro de Alcobendas y un banquete multitudinario en una de las fincas más bonitas de la A-1. Os la contamos foto a foto, y de paso os enseñamos cómo es la finca por dentro, que sabemos que muchos andáis buscando sitio para celebrar.
Cómo es la finca Monteviejo
La finca Monteviejo está en El Molar, en el kilómetro 37 de la A-1, a media hora escasa del centro de Madrid y a un cuarto de hora de Alcobendas, donde tenemos el estudio. Es de esos sitios que descolocan la primera vez: un castillo cubierto de hiedra, con sus torreones y todo, rodeado de 10.000 metros cuadrados de jardines que cambian de color según la época del año.

Tiene dos salones independientes, así que cada boda celebra con total privacidad, y cada salón cuenta con su propia zona de discoteca para el fin de fiesta. En los jardines hay un templete blanco, arcos vestidos de luces y rincones de sobra para la sesión de pareja. Para una boda con muchos invitados, como esta, funciona como un reloj.
Un apunte por si estáis dudando entre boda de mañana o de tarde: la de mañana obliga a trabajar con el sol alto, que es la luz más dura del día, pero regala dos cosas que nos encantan. La primera, invitados frescos y con ganas en el cóctel. La segunda, que la fiesta empieza con luz y acaba de noche, así que el reportaje recorre todos los tonos posibles, del blanco radiante de la iglesia al neón de la discoteca. En una finca con tantos rincones cubiertos y jardines con sombra como esta, el sol de mediodía deja de ser un problema.
Los preparativos: dos casas, una misma mañana
Las bodas de mañana tienen algo especial: todo pasa antes de comer y los preparativos saben a café y a madrugón compartido. En casa de Paula el ambiente era puro jaleo del bueno. Su madre abrochando botones, las niñas de la familia revoloteando alrededor del vestido y esa sonrisa de quien sabe que le queda una hora para casarse.


Antón, mientras tanto, peleaba con el nudo de la corbata delante del espejo. Tranquilo por fuera, no tanto por dentro. Nos lo confesó después.


La ceremonia en San Pedro de Alcobendas
La iglesia de San Pedro, en el casco antiguo de Alcobendas, es casi de la familia: está a cinco minutos de nuestro estudio y hemos fotografiado allí un buen puñado de bodas. Su portada de piedra y el artesonado de madera del interior le dan a las ceremonias un aire solemne que luce muchísimo en las fotografías.

La ceremonia fue larga, emocionante y con la iglesia hasta arriba. Nuestro momento favorito no fue el sí quiero: fue una de las niñas mirando a Antón desde abajo, con esa cara de estar viendo a su héroe. Esas miradas no se ensayan.
Y a la salida, lluvia de arroz de la de antes. Sin drones, sin pompas de jabón. Arroz, gritos y aplausos.

La sesión en los jardines de Monteviejo
De Alcobendas a El Molar hay un paseo por la A-1, y esa es otra de las ventajas de esta combinación de iglesia y finca: los invitados llegan al cóctel sin pegarse una caravana. Nosotros aprovechamos los jardines mientras tanto. El templete blanco nos dio una de esas imágenes en blanco y negro que tanto nos gustan, con Paula esperando entre la madera y las plantas.


Mientras nosotros disparábamos, los invitados atacaban el cóctel en el jardín. Damos fe de que la mesa duró muy poco así de perfecta.

Y cuando cayó la tarde robamos a los novios cinco minutos más. Merecieron la pena: el castillo de hiedra con la última luz del día es, probablemente, el rincón más fotogénico de toda la finca.

El fin de fiesta en la discoteca de la finca
El salón tiene su propia discoteca, con la M de Monteviejo iluminada presidiendo la pista. Con tantos invitados aquello parecía un concierto: Antón acabó a hombros de sus amigos y nosotros disparando entre la gente, que es donde están las mejores fotos de cualquier fiesta.


Trabajar en la finca Monteviejo como fotógrafos
Después de esta boda, Monteviejo entra en nuestra lista de fincas favoritas de Madrid, junto a clásicas nuestras como la finca Montealegre o la finca Puente Largo de Aranjuez. Los motivos son muy de fotógrafo: distancias cortas entre espacios, jardines con fondos limpios y una discoteca donde la luz, para variar, ayuda en lugar de estorbar.
Si os casáis por la zona norte de Madrid y andáis buscando quién cuente vuestro día, aquí tenéis nuestro trabajo de fotografía de boda en Madrid y nuestros vídeos de boda. Y si tenéis dudas con la finca, preguntadnos sin compromiso: la conocemos bien.
Gracias, Paula y Antón, por dejarnos colarnos en vuestra mañana. Que os quiten lo bailado.
Por cierto, si todavía estáis eligiendo sitio, hemos reunido nuestras favoritas en esta guía de fincas para bodas en Madrid, con la boda real que fotografiamos en cada una.





